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Paseo de Gracia
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Historia de Barcelona

Barcelona Románica
Los orígenes de la ciudad de Barcelona datan del período de dominación romana, de acuerdo a los restos arqueológicos encontrados y los documentos de la época, en el siglo I a.C. La fundación de Barcino es una pequeña colonia alrededor del monte Táber, un territorio emplazado dentro de una escarpada sierra, atravesada por el paso de dos ríos, la integraron dentro de la gran capital que era Tarraco (Tarragona en la actualidad). Hoy en día todavía se pueden apreciar numerosos vestigios de la antigua colonia romana como son ciertos fragmentos de la muralla que circunvalaba la ciudad, el templo de Augusto, la necrópolis, así como restos de estructuras que se pueden observar en el subsuelo del museo d'Història de la Ciutat.

Barcelona Gótica
Barcelona, como el ideal renacentista, surgió de la expansión medieval como una ciudad que había llegado a sus límites espaciales y que, en estos largos siglos de estancamiento, se disponía a ordenar su tejido urbano y, también, su tejido social.

Si las murallas del siglo XIII habían resguardado las "Villas nuevas" creadas fuera del recinto romano, a partir del siglo XIV Barcelona protegió, nuevamente con un tercer tramo de muralla los campos de cultivo del Raval.

En el interior del nuevo perfil urbano, cuando la corte se había alejado de sus puertas y el Mediterráneo se hacía pequeño frente al comercio del Atlántico, la Barcelona consolidada erigió la ciudad gótica alrededor del estructurado centro geométrico y político de la plaza Sant Jaume, mientras aparecía con fuerza la ciudad artesanal alrededor de Santa María del Mar, en el barrio de La Ribera, que convertiría a Barcelona en una ciudad de mercaderes, navegantes, comerciantes y profesionales. Era una ciudad participativa, corporativa y selectiva. Era la Barcelona de los gremios.

Barcelona Neoclásica
El siglo XVIII inició y finalizó, en Barcelona, con dos acontecimientos bélicos: la derrota militar de 1714 en la Guerra de Sucesión y la guerra contra las tropas Napoleónicas en 1808.
La Barcelona del siglo XVII vio como iniciaba, después de la derrota militar, un nuevo crecimiento económico impulsado, según ilustrados de la época como Antoni de Capmany, por la política de los Borbones, los gastos militares en la ciudad, la aparición de las fábricas de indianas y de algodón y la libertad de comercio con América. Era una ciudad aún amurallada y militarizada, donde se había levantado la fortaleza de la Ciudadella para protegerla y dominarla, y donde las reformas interiores llevaron a urbanizar el Raval y la Rambla y a embellecer las calles principales de la ciudad con fachadas y edificios de estilo neoclásico.

Barcelona Modernista
Desde la proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812 hasta la República de 1873, Barcelona participó de las distintas convulsiones sociales y políticas que se vivieron en todo el Estado. Fueron años de alborotos, huelgas, tumultos, incendio de conventos, bombardeos y otras confrontaciones que denotaban las fuertes tensiones que convivían en la ciudad.
A pesar de todo, la misma conflictividad de la ciudad apareció con nuevos cambios que la transformarían radicalmente, cuyos símbolos más evidentes fueron el derribo de las murallas, que aún resguardaban la ciudad, cosa que permitió el ensanchamiento, la agregación de las ciudades vecinas y la destrucción de la ciudadela militar para acoger la Exposición Universal de 1888. También se iniciaron en el interior del recinto amurallado las reformas urbanísticas dirigidas a solucionar la degradación y la falta de espacios públicos.
La ciudad industrial que era Barcelona -era "la pequeña Manchester"- inauguró el primer ferrocarril en 1848, efectuó las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos y acogió la fundación de los sindicatos UGT en 1888 y CNT en 1910.

Barcelona Novecentista
Barcelona fue convirtiéndose en una capital de la vanguardia cultural, donde se experimentaban los nuevos avances científicos y técnicos en todos los ámbitos de la vida ciudadana. Una nueva generación de industriales y políticos ponían en marcha ambiciosos planes urbanísticos e industriales para convertir Barcelona en una metrópolis moderna, a la que llamaban la "grosse" Barcelona.
Las barricadas y la quema de conventos de la Semana Trágica, el pistolerismo de los años veinte, la Segunda República, la Revolución y las bombas de la guerra dieron paso, en 1939, a una ciudad vencida, sin pulso ni memoria, que debería afrontar una larga posguerra.

Barcelona Gris
Con el fin de la Guerra Civil española de 1936 Barcelona sufrió una fuerte ruptura con su pasado más inmediato, representado por las ambiciones y las ilusiones que habían rodeado a la República de 1931.
La vida cotidiana de la ciudad prosiguió durante los primeros años de la posguerra en los racionamientos y el estraperlo, y entre los cines populares y las fiestas de calle, para llenar los largos años de penurias y represión de la nueva dictadura.

Barcelona Olímpica
La proclamación de la ciudad de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992, este acontecimiento histórico para Barcelona significó una profunda renovación.
Barcelona supo organizar unos grandes Juegos Olímpicos y se dio a conocer como ciudad acogedora y abierta. El espíritu de este gran acontecimiento deportivo enlaza a la perfección con la tradición cálida y hospitalaria de esta ciudad mediterránea.

El origen de la candidatura de los XXV Juegos Olímpicos de la era moderna, celebrados en Barcelona, tuvo lugar en Enero de 1981, con el anuncio hecho por el alcalde de la ciudad Narcís Serra, al presidente del Comité Olímpico Internacional, Joan Antoni Samaranch.

Barcelona 2000 a la actualidad
Barcelona del 2000, ciudad heredera de los Juegos del 92, ciudad transformada para recibir dignamente este acontecimiento internacional, en la cual el esfuerzo realizado por llevar a cabo esta transformación ha permitido superar limitaciones existentes de épocas anteriores y ha significado la obtención de mejoras cuantitativas y cualitativas en sus servicios y en su entorno.
La Barcelona que ahora podemos ver y de la cual podemos disfrutar es una nueva Barcelona, mediterránea según su tradición, que vive de cara al mar y es totalmente abierta a otras culturas y pueblos, que da y recibe, que se hace rica y enriquece.

Pero la Barcelona del 2000, en su transformación, no ha perdido el enlace con su historia en la que muchos siglos de diversidades culturales han sido la base firme para que las innovaciones de la modernidad dieran luz a una ciudad irrepetible y con personalidad propia.

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